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LA PASIÓN ENMUDECIDA Carmen Almenara

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Lleva días sola en esa habitación en penumbra, esa ridícula habitación con una única y minúscula ventana que da al patio de luz del edificio y un visillo de crochet con marcas de polillas hambrientas, tan hambrientas como ella, completamente abandonada a su suerte. En esta nueva y tediosa mañana, la luz del amanecer primaveral la envuelve y le recuerda que otro día ha pasado, que las flores del jarrón se secaron hace ya mucho, que el polvo se sigue acumulando en todos los rincones, que sus dedos, los de él, ya no la recorren, que sus palabras no la llenan, que él ya no está. Está sola, en silencio, completamente vacía, en blanco. En el aire fresco de la mañana ya no se percibe el murmullo de sus manos de dedos finos y ligeros, pero al tiempo fuertes y decididos, acariciándola lentamente. Ya no se reconoce el aroma de su perfume mezclado con la tinta y el tabaco rubio... En esta mañana tan aburrida como otra cualquiera de los últimos meses, ya casi no se recuerda el impetuoso frenes

LA LIBRETA MÁGICA Amanda Vilanova

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La farsa comenzó a las 4:00 de la tarde. La Vilanova conversaba con Oliverio en el balcón. “Yo no he logrado escribir mi gran obra, mi opus por así decirlo, porque no tomo notas…no ando con una libreta en mano, entiendes. Hay que tener algo a la mano para anotar las ideas, sino desparecen, se esfuman.” “Bueno, pues compra una o escribe en tu computadora o escríbelo en el teléfono, en los notes , qué se yo.” “No es lo mismo. Hay una frialdad anti-creativa en la tecnología”, dijo La Vilanova mirando hacia al horizonte y dándole vuelta a la mano derecha para enfatizar su punto.  “Una distancia. Como que se puede depositar la idea y olvidarla por siempre o que esa idea puede encontrarla un ente externo sin tu consentimiento…” “¿Entes externos hackearían tu teléfono para tus ideas y no tu Google Pay? Igual, no se llevarían mucho…” “No es igual, no hay evidencia del proceso creativo, del borrar y tachar…del desarrollo de una pieza literaria.” “Pues cómprate una libreta, aunque no s

JINGLE BELL Patricia Terraza

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  Hace tres días, creo, que estamos aislados. Desde algún lugar, desde arriba, entra apenas un rayo de claridad, por eso sospecho que el techo no se desmoronó. Marita dice que me corra porque se le acalambran las piernas. No tenemos mucho espacio para movernos y hace frio. Trato de   no escuchar los ruidos de mi panza, que ya son indisimulables. Por eso, cuando Marita   dijo quizá   si empiezo por el meñique , me sentí aterrorizado.   Marita y yo somos supersticiosos. Y por supuesto, no creemos en las casualidades. Porque como dice ella, lo que tiene que ser será a costa de lo que fuera. Nuestra primera coincidencia fue que ella se llama Marita y yo Mario, pero desde siempre me dicen Marito. Nos conocimos el día en que el Banco para el que trabajamos hizo un ágape para todas las sucursales. Cuando me   dijo su nombre y yo el mío ambos sonreímos con complicidad. Después, como a la semana de habernos conocido, nos   contamos el uno al otro lo que habíamos pensado esa tarde, en el ágape:

TREINTA AÑOS Amanda Vilanova

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  Estaba caminando por el centro de la ciudad, intentando no mirar Google Maps, en busca de un Starbucks donde tomarse un café grande y comerse un pedazo gigantesco de bizcocho para olvidar la falta de expresión de la mujer detrás de la cámara. Después, inevitablemente, lloraría por el culo enorme que tenía que crecía paulatinamente con cada bocado. En los ojos de la mujer notó que había visto chicas como ella antes y las vería después; que ella no tenía el “it”, la vaina inexplicable que estaban buscando para ser una protagonista en cualquier cosa. A Elena no le habían explicado bien como conseguir el “it” porque si no ya lo habría hecho. Habría encontrado, fabricado, desarrollado, patentizado y multiplicado el “it.” Lo habría conjurado. Le habría vendido su alma a Úrsula, a Dios o al diablo. Se dio por vencida y sacó el Google Maps. Entró un mensaje de texto. Yadira: “qué bueno que nos va cabrón porque si no tendríamos que suicidarnos en un mes. Jajajajajajaja lol. ¿Cómo estás?”  

A QUIEN CORRESPONDA Carmen Almenara

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  El silencio sencillo y tranquilo de la noche aguarda paciente hasta la llegada de una nueva y   diferente mañana, acaso demasiado diferente. Poco a poco, la luz va ganando a la oscuridad y los rayos del sol despuntan tras los tejados de las casas colindantes adornados por gotas de rocío y oro. En la habitación, acogedora y aún templada, la alarma del despertador, tan estridente y extravagante como de costumbre, rompe con agonía la placidez de la penumbra del dormitorio dando lugar a un nuevo día, tan nuevo como todos los demás, tan diferente y tan similar como todos los demás. Los rayos del sol se cuelan por las rendijas del ventanal y se posan lentamente sobre las sábanas deformadas. El torrente de luz avanza imparable y se proyecta en el espejo de marco dorado del fondo creando un universo de luz. En la esquina bajo la ventana, la máquina de escribir Olivetti Lettera 35 de los años setenta, reposa tranquila sobre la superficie de madera barnizada. Conserva una página con un me

LA VENTANA Carmen Almenara

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  El vaho es como una niebla espesa, un velo turbio que poco a poco se va haciendo más y más denso impidiéndonos ver más allá. Pero existe una pequeña y simple diferencia, la niebla está en lo que podría llamarse el exterior mientras que el vaho se encuentra solo en el interior. Aquí sentada como tantas otras tardes, la casa en calma, miro a la ventana que, algo emborronada, muestra la visión del exterior. Las luces titilantes y aceleradas de lo que presupongo serán los coches que pasan sin cesar. El vaho de la soledad y el hastío se va condensando dificultando más y más la visión del exterior. Es la tarde de un domingo oscuro de invierno, hace frío afuera, lo sé por la condensación en mis cristales. O quizá mi casa está demasiado cerrada, definitivamente hay demasiado vaho. Me pregunto ¿quién andará conduciendo un domingo a estas horas? Gente, seguro, que va de vuelta de visitar a la familia en ese baile semanal de rigor con la más fea. Las visitas a la familia siempre me han fa