EL RAYO DE LAS PAMPAS Santiago Peluffo Soneyra

Tu vieja había muerto dos días atrás. Tan de repente, que apenas llegaste a tomar el avión de la medianoche para estar la tarde siguiente en tu pampa querida. Después de diez años. El cuarto estaba igual que cuando eras adolescente: los posters descoloridos de los grandes atletas en las paredes y en la repisa junto al escritorio, tus medallas y trofeos. Enseguida, tu cabeza se llenó de instantáneas de esa figura corta y desgarbada corriendo más rápido que ninguno por las pampas desoladas, alentado siempre por tu vieja. Los recuerdos se combinaban con un dolor profundo e ingobernable, que se esparcía por tu cuerpo como un virus, y el único anticuerpo posible en ese momento de incomprensión estaba en tus tobillos. Ni alcanzaste a cambiarte: de un tirón cruzaste el jardín, y sin darte cuenta ya habías llegado al río. De ahí al muelle, y del muelle al club de pescadores. Y seguiste corriendo. Eran vos y tu dolor, nadie más. Al pasar frente al club de pescadores notaste los cam...