LO QUE LA GENTE DECÍA Lester Gómez medina
“¿Que cómo me fue?”, murmuró Arnoldo. Sintió en los labios un hormigueo al momento de balbucear esas palabras. Sintió también que se le entumían las piernas, la espalda y el cuello debido a la postura en la que se había echado para ocultarse en uno de los tantos salones del Fortín. La deshidratación le había resecado los labios; el cuerpo se le iba poniendo más rígido. Deseaba quedarse dormido, pero la tensión por el temor a ser atrapado le mantenía despierto. Sus ideas iban careciendo de coherencia; por momentos aquello disparaba su frustración. Su mente le tendía múltiples asechanzas imaginando maneras de cómo terminaría siendo capturado como un armadillo, rastreado por perros en plena noche. Sin embargo, en ciertos momentos de lucidez, de su misma enturbiada cabeza supo también valerse de ideas para escabullirse y no ser atrapado. Pero los marullos de sus pensamientos no era lo único, una profunda tristeza se le alojó en el cuerpo, por saberse arrinconado, y es que él no esta...