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CUANDO EL CIELO DESPEJADO MOLESTA Andrés Tacsir

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Entr ó en la estaci ó n de Parsons Green convencido de lo que diría a Edu y a Vale. A pesar de que había subido la temperatura considerablemente, Gabriel llevaba su abrigo de invierno. Ese gris, pesado, bastante abrigado. En parte era la inercia: el invierno había sido largo y duro. Además el clima londinense era impredecible y muy cambiante. No sabía si esta nochecita, al volver de lo que él pensaba como el último interrogatorio , estaría más fresco, lloviendo o, incluso, nevando. Nunca se sabía allí. El abrigo gris era ciertamente más pesado que el saco azul pero, al menos, los bolsillos eran am plios y le permitían llevar un libro para el viaje en tren. Tenía más de una hora hasta Guilford, hasta la confortable vida de las afueras de Londres. Había elegido, medio apurado ya al salir, uno de los libros que se leería en el taller en los próximos meses. No importaba que él ya no estuviera; de todas formas lo leería.    Pas ó las m á quinas con su tarjeta de crédi...

CHIRU CHIRU Denisse Vargas

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El día que volvimos a La Paz por el Camino de la Muerte, como le llaman a la ruta serpenteada que une Los Yungas con La Paz, el cielo estaba nublado. Los dos hombres que trabajaban en la casa ayudando a cosechar el café y las frutas que abundaban en nuestro patio nos llevaron a la plaza de Caranavi en un auto destartalado, donde a veces me escondía cuando mi mamá se enojaba por algo que mi padre o yo habíamos hecho. Llegamos y los hombres ayudaron a mi madre a cargar sobre el techo del minibús cuatro maletas de cuero café brillante que  contrastaban con los bultos multicolores de aguayo y las mochilas empolvadas de  turistas que visitaban el pueblo. Yo miraba a mi alrededor, buscando desesperadamente a mi padre. Creí sentir que mi madre hacía lo mismo, pero él no apareció.  Era temporada de lluvia y el camino estaba resbaloso . Teníamos que ir lento y parar para que pasaran las movilidades que iban en sentido contrario. Era una senda muy es...

EL FUNERAL Paula Natalizio

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“Com uma tal falta de gente coexistível, como há hoje, que pode um homem de sensibilidade fazer senão inventar os seus amigos, ou quando menos, os seus companheiros de espírito?” Sire Fernando Antonio Nogueira Pessoa “Rei de Holisipo” Las celosías se abrieron acompañadas por la brisa primaveral, como abrazando el ajetreo y los rumores urbanos. Fuera, el rechinar del tranvía galopando en los rieles, el cantar de los pájaros y las voces que pasaban peregrinas, completaban la armonía del paisaje de una Lisboa apenas madrugada. Era evidente que la ventana había quedado mal cerrada, nadie había vuelto a entrar desde la noche anterior. Nadie, hasta que la señora Lina fue llamada por el danzar de las cortinas, que se aventuraron sin pudor a seguir el compás del viento. Entró en automático, respondiendo al llamado de las telas. Ni siquiera miró por dónde caminaba, no hacía falta. Tampoco dedicó tiempo a observar el féretro, desde el anochecer del 30 de marzo que lo estaban llora...

LA FELICIDAD Diana Huarte

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Tiene pequeñas arrugas verticales alrededor de los labios que siempre están fruncidos en un gesto que puede ser de desaprobación, impotencia o maldad. Vive sola y casi nunca sale de la gran casa. Cuando lo hace, sube a su auto y maneja hasta el supermercado para abastecerse de comida y vinos. A veces la boca fruncida se relaja y sonríe. Es delgada y su piel firme, pese a estar cerca de los cincuenta. En el fondo del jardín, ha cultivado varias plantas de cannabis , y cuando éstas dan su fruto, perfectas flores con tonalidades rojizas que parecen explotar y transformarse en criaturas listas para atacar el universo, las cosecha y las fuma con cierta nostalgia. En este estado es cuando enciende el televisor y pone siempre el final de un mismo video: Fu nny Games de Michael Haneke: los dos hombres llevan a la víctima amordazada y maniatada a dar un paseo en bote. Anna hace un último intento de escapar, pero es inútil. Uno de ellos se acerca y la besa en la frente, al mismo ...