LA PAJARITA Claudia Lozano
Lola estaba sentada en una mesa frente a la Pajarita, haciendo un esfuerzo sobrehumano para disimular el tremendo asco y repulsión que le invadieron cuando la mano sucia y maloliente de aquella mujer le puso un pedazo del huevo cocido en la boca, que masticó lentamente haciendo un esfuerzo sobrehumano para no vomitar, mientras la Pajarita la miraba con sus pequeños ojos y una sonrisa de tres dientes tan enigmática como de la Mona Lisa. Al huevo le siguieron dos cucharadas de algo viscoso, de color rojo intenso y sin sabor alguno que Lola tragó de golpe, sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas, al tiempo que le iba invadiendo una sensación de miseria y desamparo que nunca antes había experimentado. Hacía casi dos años que había conocido a La Pajarita, una mujer menuda que parecía una bolsita de huesos ambulante cuando caminaba por los pasillos y jardines de aquel lugar con sus pasitos cortos y rápidos , llevando y ...